3/2/09

Día décimo


Me pregunto si una oveja debería hablar de estrellas sin saber de astronomía, si no será mucho atrevimiento teorizar sobre ellas y sus comportamientos. Suele ser en las noches largas al raso, mientras el empalagoso bolo alimenticio se nos recrea en la boca, y le damos una y mil vueltas hasta desmenuzar cualquier grano que se resista. Es en esos momentos cuando no queda mas remedio que incluir en la noria de las ideologías a los astros que titilan en la inmensa lejanía. Asombra su cuantía y su constancia. De la luna, el satélite hermano, se está muy al corriente de sus lindezas hasta con exceso, no le quedan demasiados secretos como metáfora ya que generaciones enteras se consagraron a loarla o, en su defecto, a denostarla. El caso es que se ha contado con ella hasta la saciedad.  Vuelta y vuelta como a los filetes sobre el asador, una generación la loa otra la desprecia.
No obstante, ni las teóricas, ni las legítimas huellas de botas humanas sobre la superficie lunar le ha producido en más mínimo rasguño a su tersura. Ella no se perturba allá en lo alto.
Pero las estrellas, son tantas y de tan variado aspecto, que se puede disertar sobre una o sobre diez mil sin que les afecte un ápice en su deambular cósmico.
Ciertos cuentos (pienso yo que de viejas) alegan que cada humano tiene su propia estrella a la que pueden conocer y ponerle un nombre pero, a tenor de cómo se pone el cielo de puntos de luz, pienso que debe de haber muchas, pero muchísimas más estrellas que personas existen y existirán sobre la tierra.
A los meteoritos se les llama estrellas fugaces y, pensándolo bien, son las reinas por un instante en la oscuridad del vacío espacial. A los turbios ojos de cualquier oveja como yo, poco difiere un resplandor de otro, todas son una ráfaga de luz que pronto desaparece.  Pensar que tantas dejaron de ser hace tiempo aunque aún brillen, perturba mucho, porque ha llegado a mis oídos que las estrellas mueren y dejan paso a otras supernovas para que ocupen sus órbitas. De las estrellas, de su tiempo de estrellato, de su manera de estrellarse, de su peculiar manera de lucir y de la duración de su luz, puede que especule algún día, en el futuro.

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