4/2/09

Día noveno


A lo largo de la existencia se viven circunstancias y períodos muy distintos. En ocasiones es útil hacer como la cochinilla de tierra, replegarse en una misma cual bola y rodar hasta que pasa la furia del ataque, al tiempo en que confiamos en la protección divina. Eventualmente es una buena estrategia, pero no la única ni la mejor, depende de la personalidad del atacado y el arsenal utilizado por el enemigo.
He visto ásperos altercados entre varias ovejas de la misma especie y mostrar rechazo hacia las de especies diferentes. Parece como si a algunas  les arrastrarse una fuerza oculta o secreta y vez tras vez las llevase a la polémica, como si una nueva pugna acechase oculta para llevárselas a su dominio y zarandearlas. En estos conflictos,todas sin excepción quedan maltrechas, dañadas en cierta medida. Los choques de personalidad son frecuentes entre los individuos de una misma grey. Con esto ocurre como cuando pasa un huracán. Al día siguiente todo se ve quieto y tranquilo, aunque con algunos desperfectos. ¡Venga! A reparar lo resquebrajado entre todos. Y se recompone lo mejor posible lo descompuesto porque hay la obligación de entenderse para sobrevivir.
En esta noche fría de la última etapa del invierno agradezco más que nunca tener techo, cama, comida y lana que cubra mi piel. Se siente el respirar sereno y el aliento caluroso de otras compañeras, da felicidad saberme parte de algo importante, sentirme valorada y protegida por las demás cuando afuera la escarcha aumenta de grosor por minutos y sólo se siente el aullar de los lobos.
Nunca he pasado una noche sobre la nieve o sobre la escarcha pero he oído hablar de ello. Dicen que una puede morir sin apenas darse cuenta, casi formulando una sonrisa mientras te abandona la vida y que eres la última en enterarte de que te estás muriendo.






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