1/3/09

Día cuarto



Pudiera llamar un paréntesis a estas últimas veinticuatro horas, como si en un reproductor entumiésemos visionando una grabación y se eliminaran unos cuantos fotogramas. Así de nulas han sido las horas precedentes, carentes de productividad por la falta de cohesión de los hechos, si es que todos los hechos pueden ser cohesionados. Así ocurre en ocasiones, y algunos sucesos imprevistos manejan los hilos de tu vida y la vida de otras ovejas.
Cuando pasa la etapa del sobresalto, comienzan los sueños delirantes, son en esos intervalos cuando me nacen alas y soy ave en el aire. Me brotan aletas y soy pez en el mar. Y nada ni nadie puede impedir mis acrobacias, ni privarme del placer que el viento me produce en el rostro durante los descensos.
Es tal real.
He de pasar ciertos periodos de tiempo ensoñando, desarrollando ese regalo llamado imaginación. El hecho de repetir mucho el mismo tipo de ingesta suele propiciar su desarrollo, y de qué manera, debido al poco esfuerzo que requiere esta parte de la digestión, la imaginación toma su lugar ante la atracción fatal de la luz en movimiento.
Cuando la alfalfa se come fresca, directamente del campo o recién cortada, se facilita mejor la maceración estomacal y todo el proceso digestivo es más rápido. Como este es un alimento ideal, otros géneros menos vegetarianos se han unido al consumo de esta leguminosa. No es que sepan valorarlo con justicia porque lo comen con cierto desprecio, más que nada lo hacen aconsejados por los más snobs entre los entendidos en la materia. Los humanos están entre ellos, y es que se lo comen casi todo estas extrañas criaturas. Lo que no está tan claro es el provecho que resulte al mezclarse con alimentos demasiado manufacturados con intención comercial.



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